| TÃtulo : |
Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión |
| Tipo de documento: |
texto impreso |
| Autores: |
Michel Foucault, Autor |
| Mención de edición: |
2 |
| Editorial: |
Buenos Aires : Siglo Veintiuno |
| Fecha de publicación: |
2012 |
| Número de páginas: |
384 p. |
| Idioma : |
Español (spa) Idioma original : Francés (fre) |
| Clasificación: |
ENSAYO LITETATURA FRANCESA
|
| Clasificación: |
844 |
| Resumen: |
Quizás hoy provoquen vergüenza nuestras prisiones. El siglo XIX se sentÃa orgulloso de las fortalezas que construÃa en los lÃmites de las ciudades y, a veces, en el corazón de éstas. Se complacÃa en esa nueva benignidad que reemplazaba los patÃbulos. Se maravillaba de no castigar ya los cuerpos y de saber corregir en adelante las almas. Aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas figuraban una verdadera empresa de ortopedia social. Quienes robaban eran encarcelados, también aquellos que violaban o mataban. ¿De dónde proviene el curioso proyecto de encerrar para corregir, disciplinar, controlar, que traen consigo los códigos penales de la época moderna? ¿Es una herencia de las mazmorras medievales? Más bien, una tecnologÃa novedosa: el desarrollo de un conjunto de procedimientos de coerción colectiva para dividir en zonas, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez "dóciles y útiles". Vigilancia, ejercicios, maniobras, puntajes, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros: una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, que fue desplegándose en los hospitales, en el ejército, las escuelas y los talleres: la disciplina. El siglo XIX inventó, sin duda, las libertades, pero les dio un subsuelo profundo y sólido: la sociedad disciplinaria, de la que aún dependemos. |
Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión [texto impreso] / Michel Foucault, Autor . - 2 . - Buenos Aires : Siglo Veintiuno, 2012 . - 384 p. Idioma : Español ( spa) Idioma original : Francés ( fre)
| Clasificación: |
ENSAYO LITETATURA FRANCESA
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| Clasificación: |
844 |
| Resumen: |
Quizás hoy provoquen vergüenza nuestras prisiones. El siglo XIX se sentÃa orgulloso de las fortalezas que construÃa en los lÃmites de las ciudades y, a veces, en el corazón de éstas. Se complacÃa en esa nueva benignidad que reemplazaba los patÃbulos. Se maravillaba de no castigar ya los cuerpos y de saber corregir en adelante las almas. Aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas figuraban una verdadera empresa de ortopedia social. Quienes robaban eran encarcelados, también aquellos que violaban o mataban. ¿De dónde proviene el curioso proyecto de encerrar para corregir, disciplinar, controlar, que traen consigo los códigos penales de la época moderna? ¿Es una herencia de las mazmorras medievales? Más bien, una tecnologÃa novedosa: el desarrollo de un conjunto de procedimientos de coerción colectiva para dividir en zonas, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez "dóciles y útiles". Vigilancia, ejercicios, maniobras, puntajes, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros: una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, que fue desplegándose en los hospitales, en el ejército, las escuelas y los talleres: la disciplina. El siglo XIX inventó, sin duda, las libertades, pero les dio un subsuelo profundo y sólido: la sociedad disciplinaria, de la que aún dependemos. |
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